viernes, 18 de agosto de 2017

A mal tiempo... ¡poner el culo!



Modelo administrativo para la próxima declaración de bienes inexistentes, pero que pagar, hay que pagar por ello, se quiera o no. Y sin vaselina ni otro lubricante de marca blanca incluido en el mismo párrafo anterior; a pelo... ¡Apelo al maestro armero! Que es de armas tomar. Lenguaje antiguo que ya ni se lleva porque el modelo actual es en color y con anestésico local para que entre sin dolor (aparente, que los bolsillos siempre duelen al ser vaciados). Pero este agujero negro trasero no tiene salvación. Se la van a meter de todas, todas, cuadradas, dobladas, del revés, al derecho, de lado... con pólizas o sin ellas, que para una buena metida de la Administración Local o General (ya sea Nacional o en almíbar) siempre habrá espacio. Y si no lo hubiere... pues p'adentro, de un solo alarido. Y es lo que yo digo: A mal tiempo... ¡poner el culo!
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© Juan Rodort, 2017

lunes, 14 de agosto de 2017

68 tacos (a pelo y a pluma)


No duele. Pasa todos los años. Llega el día. Pasa el día. Sin dolor. Aunque a veces hay algo de escozor...
Antes, durante, después del cumpleaños feliz, cumpleaños feliz me desearon tooodos, cumpleaños feliz. Y yo, en bolas. Y luego, como que no me enteraba de nada...
Todos los años me pasa lo mismo...
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© Juan Rodort, 2017

jueves, 10 de agosto de 2017

Jodido... ¿pero contento?


Y, ya está.

Las cosas no salen como las habíamos planeado, ilusorias visiones de un futuro que ya nos ha alcanzado y sobrepasado. Estamos inmersos en una dinámica lenta de giros que no termina, esperando ese movimiento del contrario. No hay ganador o perdedor, lo somos todos, algunos más perdedores que otros. Pero ganar, ganar ha sido relativo. No hay quejas por estar en este nivel, mucho más alto que los anteriores, pero que se parece cada vez más a estar girando y girando, sin subir o bajar, siempre en el mismo plano, giro tras giro, recomenzando una y otra vez. Los días son una sucesión de días iguales o casi, las horas fragmentan el tiempo detenido. Esperamos el siguiente movimiento. Nada que hacer por nuestra parte sino esperar. Y esa sombría sensación de que las cosas van a peor o en franco deterioro. El tiempo nos ha hecho más viejos y débiles, no hay fuerza en las experiencias pasadas y sí un gran cansancio. El tedio de verse casi en el mismo sitio que el año pasado, que en años anteriores. Repeticiones...
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© Juan Rodort, 2017

martes, 1 de agosto de 2017

Al galope o al trote cochinero...

Lo único que le faltaba al muchacho era el caballo, fuera de eso lo tenía todo; absolutamente todo: empezando por la altura, un cuerpo de excelentes proporciones y guapo hasta la exasperación.
Siempre que lo veía me preguntaba: ¿como es posible que un hombre pueda ser tan hermoso?, ¿qué hados se reunieron para darle esos hermosos ojos con esas pestañas que a cada parpadeo semejan el vuelo de aves majestuosas? ("...que pone banderillas con las pestañas, con las pestañas..." como cantara hace ya muchos años Doña Concha Piquer), ¿qué determinó que tuviera esa barba de tanta presencia con esa sombra dorada y esa nariz tan bien hecha? ¡Oh Dios! y ese aire tan felino al caminar.
La belleza reunida en un solo hombre.
También me perturbaba mirar ese bulto entre sus piernas y las redondeces de sus duras nalgas que ponían de manifiesto los pantalones vaqueros ajustados que usaba.
Yo estaba embobado por este hombre, pero sabía que no era para mí, más la suerte que es una loca, que hoy niega todo y mañana nos premia hasta la saciedad, permitió que por caminos diferentes los nuestros se cruzaran. Un amigo común nos presentó y de allí todo fue avanzando hasta que un día, venciendo mi cortedad le dije lo mucho que me gustaba. Sin parpadear siquiera me contestó que nos viéramos el próximo domingo al mediodía en un lugar solitario camino de la playa acordado por ambos. Debo decir en justicia que yo tampoco estaba como para tirarme al cubo de la basura, por el contrario en ese tiempo asistía a diario al gimnasio y los resultados estaban a la vista.
El domingo esperado llegó y desde luego que yo estaba impaciente por ir al encuentro del príncipe azul de cuento de hadas vestido de vaquero; yo había ido caminando, a paso ligero, casi al trote... Él apareció conduciendo su coche, un brillante deportivo rojo descapotable (claro, qué menos), y allí en ese paraje solitario empezamos a magrearnos en el asiento delantero.
¡Ufff!, que goce el mío porque al fin pude meter mano libremente a ese cuerpo tan deseado, tenía impaciencia por dar libertad a su sexo turgente y en eso que me dice: mejor vamos a pasarnos atrás para estar más cómodos. Bueno, dije yo...
Cuando ya estábamos dispuestos y a punto de explotar en nuestros respectivos pantalones, sin mediar palabra, se baja pantalón y calzoncillo todo a un tiempo y va y se empina en el asiento con el culo abierto y palpitante... y oigo anonadado que me gime y suplica: ahora sí, corazoncito, soy todo tuyo, rómpeme el culo a vergajazos, tengo ganas de que me des bien dado con lo tuyo; ¡¡¡métemela toda, cariño!!! Mi asombro fue tan grande que me quedé momentáneamente parado, pues yo estaba en la creencia de que quien estaría allí debajo sería yo esperando ser empalado por su enorme verga, pero hice lo que pude para que la decepción no se me notara y le dije: mira, chaval, la cosa no es así, aquí quien muerde la almohada soy yo y si a los dos nos gusta lo mismo pues como que esto no funciona... Todo turbado se volvió a vestir y me dijo: bueno, creo que ambos nos equivocamos, en fin, confío en tu discreción y que no lo comentes por ahí...
Y fue ahí, precisamente, cuando le puse de vuelta y media y a punto estuve de abofetearle y darle su merecido, pero precisamente como eso era lo que él esperaba de mí, no lo hice y me subí al asiento delantero; le ordené de malos modos que me dejase en la puerta de mi casa...
Sí, el infierno gay existe: Todos pasivos o todas locas...
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© Anonimo Veneziano & Juan Rodort, 2017

jueves, 20 de julio de 2017

Amo mirarte, amo...


La fortuna y el dolor de verte así, casi desnudo. La tarea de imaginarte totalmente desnudo me hace desearte más; puede más la imaginación con mi deseo que la vista, aunque verte en toda tu potencia es el homenaje que mi ego necesita, es la manifestación perfecta de tu deseo por mi. ¿Qué hay en el tocarte que me hace sentir la gloria y el infierno al mismo tiempo?, ¿que tiene el bulto perfecto de tu sexo que me hace amarte más?, ¿qué tiene este deseo que siento por ti que hace que sufra y que sea feliz (e infeliz)?. Sé que no estarás conmigo siempre, sé que comparto tu amor y tu cuerpo y tu sexo y tu saliva y tu semen y tu tiempo y tu vida con alguien a quien odio y a quien detesto y a quien envidio. Pero cuando llegas y me sonríes y miro tus ojos y oigo tu voz y respiro tu aroma y siento tus labios, entonces no me importa nada el tiempo en que no te he visto y el mundo y todo; entonces no me importa nada porque estando entre tus brazos, lamiendo la sal de tu cuerpo y sintiendo tus labios sobre los míos y tu vida dentro de mi, entonces... amo la vida. Amo mirarte, amo...
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© Anonimo Veneziano , 2017

martes, 18 de julio de 2017

Sexo bajo el sol de medianoche


Aquel sábado en Oslo
                    No recuerda su nombre, solamente su pelo rizado, su barba rubia muy rizada y sus ojos. Sí que recuerda verle dibujando el monolito del Parque Vigeland. Un fornido cuerpo enfundado en vaqueros ajustados, camisa abierta ofreciendo una mata rizada de pelo rubio cobrizo y aquellos ojos tan azules...
En ese momento Pablo no sabe qué pretextar para entablar una conversación medianamente inteligible con él. Mientras le observa disimuladamente hace fotos de los grupos escultóricos, aproximándose cada vez más hasta la verja en cuya base en forma de banco corrido se sienta el rubio barbudo.
Sentado a su lado mira de reojo el cuaderno de dibujo, los trazos sueltos, las manos vellosas y fuertes, los brazos dorados, el perfil perfecto de Adonis barbado, más bien el busto de un césar joven policromado...
Pablo no puede resistir más y formula cualquier pregunta sobre el dibujo. Suelta las dos o tres frases inglesas que recuerda para indagar la procedencia del dibujante. Es norteamericano. Sonríe, le contesta despacio y Pablo le entiende algo así como que pasa una temporada en Estocolmo como estudiante de arquitectura y ha venido a Oslo porque es un entusiasta de la obra de Gustav Vigeland, igual que Pablo.
Hablan, Pablo nada de inglés y el norteamericano nada de español.
Atajan con frases y palabras sueltas en… ¡italiano!
El dibujo queda a medias terminado, cerrada la carpeta, caminando escalinatas abajo van hacia lo que parece una terraza de bar, guiados por el apetitoso olor de su cocina. Se sientan a una mesa, piden uno de los platos anunciados y un par de jarras de cerveza.
Risas y entendimientos sin palabras bebiendo otras jarras más de cerveza.
El norteamericano piensa volver esa tarde a Estocolmo, no tiene donde dormir en Oslo. .............................
El norteamericano y Pablo solos en la buhardilla de la casa, una habitación provisional de invitados, bebidos y fumados –¿de dónde salieron esos porros?-. Sin problemas a la hora de dormir muy juntos en la misma cama. ¿Dormir?
Su mano se deslizó por la entrepierna creyéndole ya dormido. No lo estaba, esperaba el primer gesto. Él era bisex –dijo, tenía mujer en New York- pero se aferró al sexo de Pablo con frenético deleite y le hizo ver el Olimpo de los orgasmos, dos veces seguidas, sin en ningún momento dejar de succionarle. Luego se dejó hacer los mismos honores. Todo su cuerpo recubierto de un vello dorado. El olor del pelo a una especie de aroma o almizcle, lo que quiera que fuera eso. La extremidad circuncidada le llenaba la garganta y por allí bajó toda una explosión, ahogado en un pubis de oro recio y perfumado...
Aquella fue la famosa noche de Oslo. Una sola noche porque al día siguiente el norteamericano volvería a Estocolmo y Pablo debía viajar al norte en tren para enlazar con un ferry, más arriba del Círculo Polar...
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© Juan Rodort, 2010
(De nuevo contra la pared, 17 agosto 2014)

viernes, 14 de julio de 2017

Tablet o móvil (pantallitas en vez de joder)


Y van por la calle con la mirada puesta en una pantallita, sonríen al vacío y se ausentan de la realidad, algunos van más ausentes porque llevan audífonos y hablan y se ríen con alguien que no vemos, hasta nos parecen locos de atar. Si tienen amigos se encuentran y se saludan brevemente, se reúnen no para conversar entre ellos, sino para continuar mirando sus pantallitas y si tienen algo que decirse se lo dicen a través de la dichosa pantallita cuando ya se encuentran ausentes. Se reúnen a comer en familia o entre amigos o entre novios y se miran y no saben qué decir, miran a un lado y a otro como si esperaran nerviosos a alguien y después de unos momentos que sienten de angustia cogen de nuevo su pantallita y haciendo caso omiso de la mínima cortesía se ausentan de su entorno y vuelven a sonreír cuando miran la luz de su pantallita...
El marketing de las pantallitas prometió comunicación, comunicación para todos y con todos aunque se cuidó mucho de decir que esa comunicación sería solo con los ausentes o que incluso se tornaría en un muro entre presentes. No hay nada que decir entre presentes, solo a los ausentes. Las pantallitas los acompañan a todos lados, duermen con ellas en su cabecera o bajo la almohada, incluso se vuelven parte de su vida íntima: mandan fotos, vía pantallita, de su turgente sexo, (ellos), o de su prometedora vulva (ellas) o incluso vídeos plagados de palabras envolventes, las palabras frente a frente, la pasión tête à tête se ha terminado, las pantallitas envían los requerimientos y cuando se realiza el encuentro sólo se colocan en posición y ya está, no, no; todavía no está ¡¡¡hay que poner la pantallita para que sea testigo de su cópula, de sus proezas de cama, de sus sudores y secreciones!!!.
La pantallita se ha vuelto el ojo del Gran Hermano que todo lo ve, que todo lo registra; ¡¡¡hasta sus orgasmos y su muerte!!!, tal es el caso de una chica arroyada por el tren: Ella estaba en otra dimensión musical y auditiva y no notó que Atropos estaba junto a ella presta a cortar el hilo de su vida... mientras el tren se la llevaba por delante, dejando su pantallita caída y filmando su propia muerte y estropicio sangriento... hasta que un cuajarón de sangre salpicó y tapó la imagen en la fatal pantallita... (eso no lo sé, pero podría ser el final de un relato de terror o gore, desgraciadamente real, como la vida misma). 
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© Anonimo Veneziano , 2017

jueves, 29 de junio de 2017

Comentarios (¿desnudos?) de aquí y de allá


Están y ya no me acompañan, el tono de su voz lo diluyen otras voces, las del diario, las de la calle, las del trabajo y las de otras personas, sus sonrisas (si es que las tuvieron) parece que las borra el aire, se las lleva de mi recuerdo y yo busco, busco nuevamente sus sonrisas y sus voces, el calor de su amistad y ya están a punto de desaparecer del recuerdo; sus fotografías parecen borrarse también y para atrapar todo lo que fueron, todo lo que significaron para mí, para atrapar ese amor fugaz escribo sus historias embellecidas por mi imaginación y me cuento a mí mismo historias que quizá no sucedieron como me las digo, pero el amor que aún guardo rumorea en mi oído historias embellecidas. Historias de amores y sucesos que quedan en papel, papel que algún día solo será fuego...
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Me temo que ando introspectivo. El pasado ya se fue, ya se vivió, queda el presente, aunque muchos digan que el presente no existe sino solo el futuro y otros dicen que solo existen el pasado y el futuro. El pasado por la certeza de que ya se vivió y el futuro por lo que se vivirá en este mismo instante futuro que no es pero que será... Bueno, ya me hice un lío, pero así era la cosa y como yo no soy filósofo pues me pierdo y no sea que por ponerme a filosofar me caiga en un barranco mientras miro las estrellas, mientras recuerdo palabras idas, promesas no cumplidas, expectativas idealizadas y realidades mejor que las soñadas, mientras recuerdo el timbre de una voz susurrando mi nombre, el calor de una mano sobre la mía, la tibieza de un cuerpo junto al mío, los momentos compartidos, el brillo de unos ojos o la larga espera del anhelado amor, desesperado porque casi llegó o por lo que pudo haber sido. Creo que ya caí en la melancolía; esto de ponerse a recordar es una lata...
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Me interrogo sobre mi realidad. ¿Soy el sueño de mi realidad o mi realidad es el sueño de mis sueños? y ¿cuál es mi realidad? Mis sueños son táctiles, tienen aroma, colores, sonido estereofónico, soy protagonista y espectador de mis sueños que son en 360 grados. Mis sueños están poblados de demonios, ángeles, mundos que no existen, colores que solo yo he visto, voces y sonidos que solo yo he escuchado, soles gemelos en el horizonte y crepúsculos color violeta, aguas color cereza pobladas de peces azules alados, mariposas gigantes que llevan almas en sus alas y pájaros gigantes de plumas fantásticas. Sueños poblados de la esencia de la maldad que no es nada, solo los ojos malignos de toda la maldad del mundo, demonios con garras amarillas de siete dedos y pelo ceniciento en un mundo abrasado. Agua limpia y transparente que corre junto a agua sucia y sin mezclarse, pero sobre todo y a pesar de los demonios, quizá de mis demonios, ángeles que me llevan a la realización plena de mis sueños en un mundo en el que el remordimiento no existe, así como no existe el pasado, solo un presente plano y eterno en el que me espera la felicidad. ¿Amarras mentales?
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En los relatos, casi todos -rememorando nuestros cuentos de la niñez- queremos que el final sea un final feliz y no como los relatos que terminan en muerte o desastre, preferimos un final menos dramático, que aunque no sea un final feliz, al menos tenga uno lo más aceptable posible. La vida está hecha de dramas particulares y de sobra se sabe que la vida es un monstruo que muerde y del que deseamos evitar sus mordiscos; hasta en las historias escritas quisiéramos que los finales no se pareciesen a la vida real y siempre terminen felices... y que coman perdices.
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Hace tiempo que vengo escuchando y leyendo a gente que presume de criterio, conocimiento y juicio para hablar de "las tradiciones de antaño" –menuda redundancia, pues toda tradición tiene que ser de antaño, solo que existan tradiciones de hoy por la mañana y yo no me haya enterado-, tradiciones que se vienen perdiendo, devoradas por tanta modernidad y tecnicismo. Y allí veo a tan profundos pensadores lamentando que se ha perdido esto, lo otro o lo de más allá. La vida es cambio, la vida evoluciona y las sociedades no permanecen al margen de este cambio. Los tradicionalistas, sin embargo, estarían la mar de felices si miraran que todavía vive la gente a la manera de antaño con sus usos y costumbres; usos y costumbres que sin duda tuvieron su razón de ser hace ya tiempo, pero que hoy son obsoletos, vanos, 
inútiles y muchas veces hasta crueles. En mi patria la gente es muy dada a festejar el Santo o Santa patronos del pueblo, con la consiguiente fiesta que solo es derroche, ruido y tronar de cohetes que hacen llorar niños, dañan oídos y aullar a los perros y allá, en su altar, el Santo impertérrito, indiferente, mirando desde sus ojos de cristal a una humanidad que se gasta sus escasos euros en festejar a un Santo de yeso, con vestimentas de opereta y ojos de canica de cristal. ¡Y eso que vivimos en la era de internet! ¡Joder, con las tradiciones!
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© Anonimo Veneziano & Juan Rodort, 2016-2017

miércoles, 21 de junio de 2017

A piel desnuda (sin vergüenza)... ¡¡¡Sinvergüenza!!!


Piel sobre piel. Piel de animal muerto, lustrada piel embetunada, engomada, pegada, cosida piel que en tu piel se aferra para calzarte, poseerte, sodomizarte desde las plantas de tus pies subiendo por las pantorrillas desnudas; excitante piel de botos (devotos de tu piel).
Y en el centro... álgido tridente sobrepesado de gruesas pieles redundantes, rebosantes, eyaculantes cuando lo tercie la piel dominante del glande estirado y encumbrado hacia límites orgásmicos que tu mirada ávida de pieles más desnudas que la tuya espera, contactos y placeres de dioses (masculinos, siempre).
Tu cuerpo a piel desnuda (sin vergüenza)...
¡¡¡Sinvergüenza!!!
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© Juan Rodort, 2017

martes, 13 de junio de 2017

Cuerpo (masculino), poema desnudo


- Y yo me lo llevé al río creyendo que era mozuelo... pero tenía marido. Sí, te lo juro por Snoopy. Así fue y que me caiga muerto del revés si te miento...
- ¡Plaf! (cuerpo masculino que cae al suelo...)
- ¿Oye?
- ......
- ¡No me asustes, coño! ¡Di algo...! ¡¡¡Joder, que se ha muerto!!!
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(Era mentira el cuento)