martes, 10 de julio de 2018

Julio en julio


Otro mes de julio sin Julio.
No fue especialmente buen amante pero era de una belleza que hacía daño mirarle.
Digo era pues no sé nada de él desde hace dos julios seguidos.
Aquel día de piscina él llevaba un escueto bañador amarillo limón casi traslúcido y con el que más que taparse provocaba alucinaciones eróticas. Todo mojado, dorado, esculpido en piel aceitosa y sin pelos (no se lo pude perdonar el que se depilara totalmente y cuando digo total me refiero a que excepto su proporcionada cabeza barbuda de pelo azabache solamente se dejó los pelillos de los antebrazos por no se sabe bien qué fetichismo que nunca me dijo), pero debajo de aquel bañador obsceno reservaba los dulces momentos que logré arrebatarle a su anodina calma. Él era un ser de exposición, de dejarse ver y que le tocasen lo menos posible; no estoy muy seguro de que fuese marica al cien por cien. De hecho se escapó un fin de semana (el último antes de desaparecer de mi vida pero no de mis recuerdos, ay) con una amiga mía que desde aquel momento se convirtió en una enemiga y detractora; presumía que ella había llevado "por el buen camino" a Julio...
Ay, ¿qué será de Julio en julio?
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© Juan Rodort, 2018

martes, 3 de julio de 2018

Hace tantos años...

(Biker, técnica mixta sobre panel 143x100cm.)

Madrid-Chueca 1991
“3ª barra del Troyan’s”

Y las botellas reflejan un cadáver
azul y rojo, neón envolvente sudario
del vacío que a horribles golpetazos de "swining"
rompen los llantos absurdos y un asomo
de crueldad sado-masoca empenumbrada.
Sigo acodando la barra sorbiendo una lenta botella
y espero rescates milagrosos del tedio
que impregna mi corazón sediento de caricias;
mientras otros cuerpos desiertos de caricias
acompañan como estas botellas al rock
zumbante, la nostalgia de aquí mismo,
hace tantos años, él me vio y hablamos...
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© Juan Rodort, 2018


miércoles, 20 de junio de 2018

El dolor y la ira crecen


En algún momento del día, en alguno de la tarde, en algún día; el golpe llega.
El golpe llega directo al pecho, hace que el pecho duela, que se experimente un dolor que crece y da sensación de ahogo e inmediatamente llegan las lágrimas y el deseo de arrancarse la piel a tirones y dar gritos, dar gritos que hagan que el mundo ensordezca, que se vuelva a mirar, que los note, que sepan que está lejos de toda nobleza dejar que esos seres estén en el abandono, que vaguen por las calles, que van vencidos, arrinconados en lugares oscuros, que anden caminando con sus pocas pertenencias a la espalda...
¡Que me miren con sus tristes miradas y yo no pueda hacer nada! Que no pueda hacer nada más que maldecir a quienes deberían ver por ellos y no hacen nada. Que maldiga a aquellas malditas bestias inconscientes que cobran un salario para ver por estos pobres y solo se paseen en poses fingidas y en trabajos no hechos.
¡Maldigo a esos desgraciados vestidos con dinero que debió ser utilizado para vestir a estos desfavorecidos!
¿Dónde estamos? ¿Qué hemos hecho para llegar a ésto? ¿Dónde quedó la conciencia?¿Dónde el amor al prójimo? (Pobre Jesús, que ha muerto, ahora sí, en vano; pobres palabras que se ha llevado el viento, que hoy yacen en la basura y el fango: "Ama a tu prójimo como a ti mismo"... ámense como yo los he amado.

Sigo caminando cansado, reflexivo y con los ojos enturbiados, pronto otro pasará a mi lado y me mirará con esos ojos que piden ayuda y yo no podré más que darle una moneda, moneda que pretende acallar mi consciencia, que pretende pero no lo logra porque en mi pecho el dolor y la ira crecen.
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© Anonimo Veneziano, 2018

jueves, 7 de junio de 2018

Desvelado


Madrid, 18 junio 1995

                             Circulares caminos en espiral subiendo;
                             recuerdo vagamente aquellos días, y mis sueños,
                             se dirían decorados de películas ajenas.
                             No hay más soledad por compañera que mi calva
                             -perdí mi pelo y no pocas ilusiones-
                             y amores intensos, despiadados. 
                             También visité la casa de los muertos
                             y puedo repetir... (pero no es cierto).
                             Aquí, en mi rincón oscuro, escribo
                             y releo antiguos poemas de amor e incertidumbre;
                             la diferencia es que hoy mi amor es mío,
                             la casa me pertenece y el resto de las células muertas
                             son sólo fiel reflejo del camino.
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© Juan Rodort, 2018

viernes, 1 de junio de 2018

Paisajes casi olvidados


Jardines-corrales-patios, árboles que otras gentes plantaron y que ahora dejan en herencia, adheridos a la vieja casa familiar en venta. No son ni el jardín ni el corral ni el patio que el viajero sueña, ni se asemejan. Quedan remezclados retazos de recuerdos de otras casas ya vividas, de otros amados lares que ya no existen, ahora tan distantes...

El bosque aledaño a los caminos. Vergel anfibio que asoma en cada recodo cerrado entre montes despoblados de su original arboladura; es una antigua fragata varada en tierras altas mesetarias, pobladas de bosques milenarios antes de su poda asesina, siglo a siglo... hasta dejar... nada, erial de mesetas esteparias.

El viajero está harto del camino, o harto de lo que sale a su paso... Hoy ha llegado al final de otra etapa.

Una opalina luz y murmullos tenues detrás...

Breves trazos de recuerdos, imágenes desdibujadas, cuerpos o retazos de cuerpos que una vez fueran hermosos y que pasados los años habrán seguido un cruel destino; aquellas líneas turgentes, sensuales... Sus perfumes levísimos ahora, casi evanescentes...

El viajero echa mano del fondo de imágenes recurrentes que guarda en memorias digitales, ya que la suya propia le suele dar problemas de recopilación y ordenamiento; hay días en que no sabe dónde tiene la cabeza...

Días en que los viejos poemas de juventud-adolescencia le regurgitan ensoñaciones ya olvidadas, de estados mentales que creía superados...

El viajero se encripta en un ciclo de ciclos, como un virus-gusano que destruye la memoria digital y la suya propia... Hoy no sabe, hoy no comprende, hoy es mejor dejar que las cosas sigan su curso sin intentar siquiera pararse a pensar...
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© Juan Rodort, 2018

sábado, 19 de mayo de 2018

Escalera al Paraíso (es aquí mismo)


Quién lo habría de decir, que encontraría la entrada secreta del Paraíso...
A la salida de un pueblo de Cantabria, buscando un lugar para el retiro definitivo
Pero lo que el viajero no logró adivinar es que ese lugar ya estaba ocupado por alguien que se le adelantó en el tiempo... La casa de sus sueños.
Recoleto sitio donde pasar el resto de su vida en paz y total tranquilidad. Acompañado por los árboles de la fidelidad y de la sensibilidad.
Bienvenido a casa, dice uno; reposa bajo mis ramas, toma mi fruto jugoso dirá el otro...
Y el viajero descansará y se detendrá por mucho tiempo, quizás por todo el tiempo que le reste andar por este camino temporal...

La espera habría merecido la pena si la casa estuviese libre para este viajero que no podrá sentarse a su puerta, en ese jardín soñado tantas veces a lo largo del camino...

Pero he aquí que un año después de estas líneas de arriba el Viajero encontró otra casa que sí le estaba esperando; allí sigue desde entonces (han pasado tres años ya), dando por finalizado su caminar, encontrado ese Paraíso justo al subir por aquella escalera al Paraíso (es aquí mismo).
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© Juan Rodort, 2014-2018

viernes, 11 de mayo de 2018

Cuerpos del día antiguo


La tarde termina y en la noche se olvidan los amores desdichados,
secretos sueños de esperanzas y de nuevos amores del día nuevo,
oscuros deseos revoloteando en mi ventana velan mi sueño,
se introducen bajo las sábanas para contarme los besos olvidados
en cuerpos del día antiguo.
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© Juan Rodort, 2014

jueves, 3 de mayo de 2018

¿Apaga y vámonos!

A mí también me han lavado y retorcido el cerebro (celebro reconocerlo a tiempo), pero ya no es tiempo de dar marcha atrás...
La foto ilustrativa es de alguien como lo dice en la parte inferior derecha según se mira la pantalla; no sé qué pone, pero si es la firma o la marca y debo retirarla pues la retiro y será mi última actuación en G+...
¡Niños queridos... adiós!
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© Juan Rodort, 2018

(Lo siento por Anonimo Veneziano, que confiaba en mis transcripciones y buena voluntad, pero ya se me terminó)

viernes, 27 de abril de 2018

Albañiles en danza (macabra)


Aquí sigo, soportando albañiles y sus desmanes.
Son como elefantes en una tienda de cristalerías, haciendo ballet moderno... o sea, tirándose por los suelos y dando tiros con una pistola (de fogueo)...
Tal cual, era un ballet norteamericano que vi en Madrid hace la tira de años; ver, lo que se dice ver, vi poco pues estaba en la segunda fila del patio de butacas y el escenario a casi dos metros de altura y los participantes, medio desnudos/as, se revolcaban por las tablas del escenario con lo cual yo sólo les veía los pies dando vueltas; luego salía alguien con una pistola y daba un tiro o dos... No recuerdo si iba vestido o no, porque dí un retemblío del susto.
¡¡¡Y encima me salió por 3.000 pesetas de las de antes!!!
Cosas que me pasaban, cuando yo no tenía un duro en el bolsillo y quería aparentar y salir de copas con mis amistades-peligrosas, gente guapa que les llamaban entonces.
Gilipollas de mí.
Pero de todo ha de haber en esta Viña del Señor ¿no?
Pues con estos albañiles no ha habido suerte, nada de gais macizos, estilo "The Village People" (los vi actuar en Madrid, también hace la tira de años ya, eran los restos de lo que quedó del grupo, muy, muy mariconas, ellos; luego vinieron al bar Minos a tomar unas copas invitados por el dueño -amigo mío, por cierto- y después, creo que se marcharon a follar con sus ligues en una sauna o en el hotel, a seguir con la orgía... Yo, por aquel entonces, iba de lederón, con gorra de cuero, cadenas por la chupa de cuero y pañuelos de colores al bolsillo... izquierdo, por supuesto pero no me hicieron ni caso...).
Pues nada, que los albañiles son unas malas bestias a los que hay que retirar todo de delante porque lo arrasan.
Aquí sigo, en casa, luchando con ellos.
Esperemos que acaben pronto (hasta hace un momento lucía el sol, no había viento aunque vienen unas nubes negras, negras, negras por el horizonte del norte: traen agua, seguro).
Estoy de los nervios con esta obra (que no es de caridad precisamente).

Así que no escribo más; me voy a la calle a dar berríos, a ver si así me calmo un poco...
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© Juan Rodort, 2018

miércoles, 25 de abril de 2018

Quisiera gritar...


1.- "¿Sabes la angustia que tengo en este momento? Creo haber despertado pero no me puedo mover. Estoy anclado a la hamaca. No siento el dulce aire correr entre mis pelos, ni el calor del sol sobre mi pecho, ni el bullir de mi sexo que creí era el causante de haberme despertado de este húmedo sueño... ¿He despertado? Noto un oscuro regusto de pieles adosadas a mis manos, pero no las puedo mover del sitio. ¡Y lo peor de todo es que me tumbé con estos horribles calzoncillos  y ahora todos los que pasen deben de estar riéndose de mi ridículo paquete!".

2.- "Sí, es el pensamiento que se me vino a la cabeza (o la calavera) cuando pasé por su lado y no fui capaz de alargar la mano hasta ese símbolo de muerte en la bragueta; en este caso en las bragas, porque eso no es un bañador por mucho que algunos lo pretendan. Muerto de envidia de ver ese cuerpazo ahí tendido, expuesto, manifiesto hartazgo de carne para los que andamos flacos de células y otros aditamentos musculares... Ya quisiera yo tenerlo bien apretado, como él lleva el ajustado mini-bañador-braga-slip-tapacosa con simbolitos horteras "de muerte"."

1.- "Quisiera gritar, pero estoy muerto".

2.- "Quisiera gritar, pero yo también estoy muerto -de la impresión-".
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© Juan Rodort, 2018